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Municipios de Galicia y Portugal reclaman una desescalada transfronteriza adaptada a los trabajadores

La frontera que dibuja el río Miño es la poblada entre España y Portugal y, desde el cierre de fronteras acordado entre ambos países, el único paso habilitado para cruzarla en la provincia de Pontevedra concentra el 44% de los vehículos que transitan entre ambos países.

Los datos forman parte de un estudio elaborado por la Universidad de Vigo sobre el impacto económico de la crisis del coronavirus y, basándose en sus conclusiones, todos los municipios situados a ambos lados de la raia que divide los estados se han unido para reclamar a ambos gobiernos que consensúen para estas zonas una desescalada adaptada a sus particularidades.

Los gobiernos centrales de España y Portugal tienen ya sobre la mesa una declaración conjunta firmada por los representantes de los 12 municipios españoles y portugueses del territorio transfronterizo del río Miño con sus peticiones. Entre ellas figura, como prioridad, la apertura inmediata de nuevos pasos fronterizos en el territorio para facilitar el tránsito de los trabajadores que deben cruzar cada día la frontera para acudir a sus puestos de trabajo.

Todas las localidades afectadas se reunieron esta semana, convocadas por la Agrupación Europea de Cooperación Territorial do Río Miño (AECT Río Miño), para analizar ese impacto socioeconómico del estado de alarma -estado de emergencia en Portugal- y sobre la mesa se pusieron singularidades como la de Celso Martínez, un vecino de la localidad gallega de A Guarda que tiene una empresa de importación en Vila Nova de Cerveira y ha visto cómo cada día ha pasado de llegar al trabajo en 10 minutos a demorarse un mínimo de una hora.

“DEBEN TENER EN CUENTA A LOS QUE TRABAJAMOS”

Con el cierre de fronteras tan sólo se han habilitado entre España y Portugal nueve pasos, medida que en el caso de la provincia de Pontevedra ha supuesto cerrar cuatro puentes que a diario utilizaban trabajadores como él. En los momentos más complicados de la crisis se quejaba, con la boca pequeña, de las consecuencias de que su trayecto diario al trabajo pasase de 16 a 36 kilómetros, consciente de que la prioridad eran las recomendaciones sanitarias, pero, de cara al proceso de desescalada, eleva la voz y no ve “lógico” que se mantengan las fronteras cerradas.

“Entiendo que no deje pasar a la gente que va a Portugal a tomar un café o al supermercado, pero deben tener en cuenta a los que vamos a trabajar”, demanda, con la presión añadida del impacto económico que ha supuesto que su empresa se encuentre al 20% de actividad y haya tenido que aplicar un Lay off -el ERTE portugués-. A su juicio, si empiezan a dejar salir a la gente a hacer deporte, “¿por qué no van a dejar pasar a los obreros transfronterizos?”.

El director AECT Río Miño y diputado de la Diputación de Pontevedra, Uxío Benítez, señala que el impacto económico “va a ser doble por el hecho de estar las fronteras cerradas” y confirma que “lo que más preocupa” a los responsables municipales es la situación de esos trabajadores transfronterizos.

Es por ello que Benítez pide que, en caso de que se prolongue el control de fronteras, se valore “la posibilidad” de facilitar el paso de residentes entre ayuntamientos fronterizos.

La declaración conjunta ve fundamental la “coordinación y equilibrio” entre los gobiernos de ambos países en las medidas de desescalada, “evitando partir en dos” las eurociudades existentes y los territorios transfronterizos, y solicita “el restablecimiento de la libre circulación entre países” en cuanto finalicen los estados de alarma, pues recuerda que hay muchos sectores de la economía de la zona que tienen implicaciones a ambos lados de la frontera.

EXPORTAR PARA SOBREVIVIR

Emilio Estévez, vicepresidente de la Asociación de Cultivos del Baixo Miño, confirma que en su sector no tienen “diferencia en el día a día entre gallegos y portugueses” y que tienen mucha más relación con ciudades lusas como Vila Nova o Valença que con españolas como Vigo o Santiago.

Muchas empresas como la que dirige Estévez han reducido el impacto a través del mercado exterior al vender en AlemaniaHolanda o Portugal -con menos restricciones a la planta-, pero el grueso de su negocio está en España y Francia, de modo que la supervivencia del sector “se va a complicar mucho”, por eso ve necesarias medidas que reduzcan ese impacto.

Entre otras, AECT Rio Miño solicita que se habiliten fondos suficientes de la Unión Europea y de los Estados para paliar este doble impacto de la pandemia en los territorios transfronterizos, dado que “estos suponen el 40% del territorio de la Unión y agrupan el 30% del total de su población”. Además, serán “con certeza” relevantes en la recuperación económica post-pandemia de la Unión Europea.

Estévez considera que la prioridad debe ser la gestión sanitaria de la crisis, pero también insiste en que en esta zona del sur de Galicia la tasa de contagios es “similar a la del norte de Portugal”. Al respecto, la carta enviada a Portugal y España detalla que los municipios a los que representan “tienen un impacto de la Covid-19 más reducido que en otros territorios próximos”.

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