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Estados Unidos versus China: el club de la pelea

El origen de la pandemia es el nuevo round entre Estados Unidos y China. En medio de la crisis mundial, la confrontación amenaza con agudizarse. ¿Qué impacto tiene para el resto del mundo?

Las relaciones entre potencias nunca han sido fáciles. El conflicto constante es parte del juego de poder y en el caso de Estados Unidos y China no ha habido excepción. Sin embargo, la confrontación entre los gobiernos de ambos países nunca había llegado a ser tan frecuente y aguda como ahora con Donald Trump al mando en Washington y Xi Jinping en Pekín.

Trump avisó hacia dónde apuntaba con el tema de China desde su primera campaña presidencial, cuando habló de buscar un trato justo para “América” en el plano comercial y rescatar los empleos que se habían ido a otros países como México y el gigante asiático. Y cuando llegó a la Casa Blanca, en enero de 2017, empezó a hablarle duro a Pekín hasta llegar al terreno de una guerra comercial, que generó muchos traumatismos en las bolsas del mundo durante los últimos dos años. Pese al acuerdo inicial que los dos gobiernos lograron en conversaciones bilaterales, el conflicto puede seguir sacudiendo los mercados.

Estados Unidos culpa a China de ser el responsable de la pandemia e incluso ya habla de imponer sanciones económicas al régimen comunista como represalia.

Desde el mismo momento de la firma, en enero pasado, fue evidente que no pararían los embates. En el documento, Pekín se comprometió a comprar 200.000 millones de dólares en manufacturas, energía y servicios durante dos años. A cambio, Washington disminuyó de 15 a 7,5 por ciento los aranceles para importaciones por 120.000 millones de dólares. Sin embargo, dejó intactos los aranceles para otros 360.000 millones con la intención de usarlos como arma de negociación en la siguiente fase del acuerdo.

El pacto resultó muy ambiguo y a pesar de que la semana pasada acordaron implementarlo, muchos temen que, con la nueva tensión que está surgiendo en torno a la crisis del coronavirus, estalle en pedazos. Entonces se podría regresar al vaivén de los dardos arancelarios y revivirían ataques entre las dos potencias en terrenos como el desarrollo de la tecnología 5G, que tiene al gigante tecnológico Huawei como principal protagonista.

La empresa china se ha posicionado como pionera en este avance revolucionario, por encima de los competidores estadounidenses. Pero Trump insiste en que Huawei es una punta de lanza de Pekín para atentar contra la ciberseguridad del mundo. El magnate ha desplegado un rango amplio de acciones contra la firma: desde prohibir sus productos en las bases militares, hasta presionar sin éxito a sus aliados europeos para que le bloquearan la entrada a sus territorios.

Sin embargo, el episodio más llamativo en esta ofensiva ha sido, sin duda, la detención en Canadá de Meng Wanzhou, hija del fundador de Huawei. Inicialmente, la acusaban de incumplir las sanciones impuestas a Irán, pero luego le imputaron más de 20 cargos que incluían robo de secretos comerciales, espionaje, fraude y lavado de dinero. La ejecutiva quedó en libertad bajo fianza, pero la tensión entre ambos países se mantiene.

El nuevo motivo

En los tres años y medio de gobierno del magnate estadounidense han pasado muchas más cosas con China. Pero ahora que Estados Unidos está hundido en una crisis económica y abatido por la pandemia, ha surgido un nuevo motivo de enfrentamiento: el origen del coronavirus, que tiene en vilo al mundo y puso en terreno peligroso la reelección de Trump.

El mandatario estadounidense y sus hombres más cercanos no solo critican a China por ser poco transparente en torno al origen de la pandemia, sino que la acusan de haber creado el coronavirus en el Instituto de Virología de Wuhan, la ciudad origen del brote. Poco les ha importado que voces de la inteligencia estadounidense y el principal asesor en epidemiología de la Casa Blanca, Anthony Fauci, hayan rechazado esa versión.

En China, por su parte, creen que Estados Unidos creó el virus, y un diplomático difundió una teoría según la cual soldados del Ejército norteamericano lo llevaron a Wuhan en octubre de 2019, cuando participaron en los Juegos Mundiales Militares. Tanto esta versión como la estadounidense no cuentan con evidencia alguna, por lo que muchos las han descartado. Pero el rifirrafe en torno al tema parece estar lejos de acabarse.

El Gobierno chino, que prácticamente superó el virus, ha aprovechado para ganar terreno y convertirse en el líder de la crisis frente a otras naciones al enviarles material sanitario para enfrentar la pandemia

En una entrevista, Trump graduó a Pekín como enemigo de su reelección: “China hará todo lo que pueda para hacerme perder esta carrera”, dijo. Y sus seguidores señalan a su virtual rival en las presidenciales de noviembre, Joe Biden, de ser prochino: lo apodan Pekín-Biden. Por eso, algunos expertos aseguran que los señalamientos de Trump contra China son una estrategia de campaña, que se apoya en la imagen negativa que muchos estadounidenses tienen del país asiático.

“Esta tendencia lleva más de cinco años, pero se intensificó con él. Le conviene políticamente. Sin embargo, no creo que esa sea su principal motivación. Trump realmente cree que las políticas chinas nos están perjudicando”, le dijo a SEMANA William Reinsch, analista del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales.

Si esto es así, suena lógico que Trump trate de culpar a China de la tragedia humana que vive su país con el coronavirus. En cuestión de semanas, la primera potencia del mundo se convirtió en el país más golpeado por la pandemia, contando más de un millón de contagios y alrededor de 80.000 muertos. Muchos analistas les achacan las cifras a la actitud negacionista del presidente frente al riesgo sanitario y a sus malas y tardías decisiones. Pero Trump simplemente gira su dedo hacia Pekín, para acusarlo de crear el virus y de manipular a la Organización Mundial de la Salud para encubrir su propagación.

China, por su parte, está tratando de aprovechar la situación para ganar terreno en el resto del mundo. Al tener prácticamente controlado el brote en su país, el Gobierno de Xi Jinping se ha encargado de ayudar a otros países. Sin embargo, no tiene el camino fácil. Hay gobernantes que, como Trump, sospechan que Pekín ocultó información clave sobre el virus que, de haber sido revelada a tiempo, habría podido evitar o aminorar su devastador impacto en el mundo.

“El régimen autoritario de China tiende a intimidar a los gobiernos locales para que estos no den noticias negativas, lo que deja terribles problemas de transparencia en el país”, le explicó a SEMANA Michael Davis, experto del Wilson Center, al explicar lo que pudo haber ocurrido. Este hecho amenaza con generarle a Pekín sanciones y demandas multimillonarias en instancias internacionales, que tal vez no prosperen pero sí pueden hacerle ganar terreno a Estados Unidos, con Trump o sin él.

Lo realmente lamentable de esta historia es que, mientras los dos países más poderosos del planeta se echan codo, el mundo sigue clamando por liderazgos que generen unidad con el fin de encontrar una solución rápida tanto para la pandemia como para la recesión global que se asoma. Pero así son las superpotencias.

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