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Enix Berrio: El programa del partido comunista es anticubano y reaccionario Actualidad Carlos Cabrera Perez

Enix Berrio Sardá (La Habana, 1965) es portavoz de la Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD), economista y profesor expulsado de la Universidad de La Habana, en 2009, por el entonces ministro de Educación Superior, Miguel Díaz-Canel Bermúdez.

Recientemente, estuvo desaparecido por más de 48 horas en una estación policial de San Antonio de las Vegas (Mayabeque), tras haber presentado en la Asamblea Nacional una solicitud para que derogaran los artículos 68 y 76 de la Ley Atiza, por inconstitucionales. Asume las detenciones intermitentes como gajes de su oficio opositor; y CiberCuba lo entrevistó para conocer su diagnóstico de Cuba.

¿Cómo valora la situación económica actual y sus perspectivas?

Antes de responder a su pregunta me gustaría precisar que toda política económica es resultado de una decisión política. O sea, lo que el Gobierno cubano decide en materia de salarios, precios, impuestos, vivienda, agricultura, gasto militar, apertura de tiendas en dólares americanos, limitaciones al cuentapropismo, y un larguísimo etcétera, responde a la decisión política de los que están en el poder.

El sistema productivo cubano se caracteriza por la tecnología obsoleta, altamente contaminante, baja productividad del trabajo, con un millón y medio de trabajadores en exceso, limitada autonomía para la toma de decisiones gerenciales, graves problemas de liquidez en divisas y un sector privado maniatado para impedir su desarrollo.

El sistema productivo cubano se caracteriza por la tecnología obsoleta, altamente contaminante, baja productividad del trabajo, limitada autonomía para la toma de decisiones gerenciales, graves problemas de liquidez en divisas y un sector privado maniatado para impedir su desarrollo

La situación económica de Cuba pudiera ser calificada como extremadamente grave desde mucho antes de la crisis generada por la pandemia de la COVID-19 y eso tiene que ver con un modelo económico que frena el desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, no genera prosperidad. Llevamos años sufriendo escasez crónica de alimentos y de otros productos esenciales como los medicamentos.

Si la COVID-19 ha impactado de manera dramática en todas las economías nacionales y en las relaciones económicas internacionales, en el caso de Cuba, con una economía con grandes desequilibrios estructurales, la pandemia ha generado un escenario recesivo en donde hace aguas el modelo económico y el Estado se muestra incompetente para manejar la crisis.

La situación generada en Cuba por el modelo económico y ahora agravada por el nuevo coronavirus se torna sumamente compleja e insostenible a corto plazo por lo que de continuar la improvisación gubernamental y si los costos de la crisis recaen una vez más sobre la población, los riesgos se irán multiplicando y podrían generar resultados sociales no deseados para el Partido Comunista de Cuba, sumido en una crisis de identidad, autoridad y de representatividad. Por tanto, además de extremadamente grave, la situación económica, puesta en perspectivas, puede ser calificada de peligrosa. Pueblo hambreado, pueblo sublevado.

¿Cree -como insinuó el presidente Diaz-Canel en un reciente Consejo de Ministros- que habrá un acelerón reformista?

Me gustaría darle el beneficio de la duda al señor Diaz-Canel. Pero considero que sería irresponsable de mi parte hacerlo. No se puede dar crédito a lo que dicen los políticos cubanos tan dados a la retórica historicista y a la propaganda política.

No se puede dar crédito a lo que dicen los políticos cubanos tan dados a la retórica historicista y a la propaganda política

La Historia económica cubana demuestra que en el último medio siglo las políticas seguidas se han traducido en escasas medidas económicamente viables enmarañadas en un inacabable torrente de normas jurídicas, conceptualizaciones de modelos, planes nacionales, lineamientos y discursos reformistas…

De igual manera, recientemente el señor Diaz-Canel planteó que en la etapa post pandémica hay que adoptar un pensamiento innovador que suponga la eliminación de trabas en la conducción económica de la crisis. No hay dudas de que en esos decires el primer mandatario es continuidad de sus dos predecesores en el cargo. Solo discursos y promesas.

Y ahí volvemos a la relación economía y política. Considero que, en el complejo contexto económico recesivo global, hablar de acelerón reformista en Cuba supone aplicar un amplio programa socioeconómico y político que dé respuesta a las necesidades de la nación.

Sostengo que para superar los problemas estructurales que generan una dinámica de bajo crecimiento y falta de liquidez en divisas que provoca el endeudamiento externo e interno, es necesario transformar y hacer competitivo el escuálido sector empresarial conformado por solo mil 800 empresas y 243 sociedades anónimas, estimular el desarrollo del sector privado en todas las parcelas de la economía, suprimir la dualidad monetaria y cambiaria, recomponer las relaciones económica internacionales del país y fomentar la inversión de la emigración sin cortapisas en todos los sectores de la economía.

La crisis multidimensional cubana no admite ser enfrentada con retórica, discursos o propaganda política ultranacionalistas sino a través de un modelo económico transicional que excluya el monopolio unipartidista y potencie la participación de la sociedad civil y de la ciudadanía en los procesos de toma de decisiones que les afecta y atañe.

Por ahí deberían ir los tiros. Es lo minino que pudiera hacerse en un supuesto acelerón reformista. Y eso, al menos en la actualidad, parece inaceptable para la cúpula del Partido Comunista de Cuba.

Discúlpeme si me he extendido en la respuesta, pero lo que no debe perderse de vista es que lo que está en el centro de los problemas en Cuba, y con ello no ignoro muchos factores adversos como pudieran ser el bloqueo económico, la crisis económica global generada por la COVID-19, entre otros, es el modelo económico y social de desarrollo del PCC que es antinacional y por tanto reaccionario.

CEPAL ha pronosticado un decrecimiento de solo el menos 6 % para la economía cubana, pero siendo una cifra aceptable, el Gobierno de La Habana guarda un prudente silencio, ¿a qué crees obedece su mutismo?

El llamado “Periodo especial” es un recuerdo terrible e inolvidable para muchas generaciones de cubanos y cubanas.

Por caprichos del finado Fidel Castro este pueblo fue sometido a una situación de tensión extrema de la cual todavía se desconocen muchos de sus costos humanos.

Daños que aún sufrimos y que condicionan el comportamiento de gran parte de la ciudadanía ante el escenario crisis y el recesivo que se vivirá en Cuba al menos los próximos dos años.

Afirmar, como lo hacen algunos políticos cubanos, que el pueblo de Cuba es el mejor preparado del mundo para enfrentar una depresión económica post pandemia por lo sufrido en los noventas, es una demostración palpable de la falta de escrúpulos de los comunistas cubanos en el poder, así como del desconocimiento de la naturaleza humana y de los procesos sociales.

Afirmar que el pueblo de Cuba es el mejor preparado del mundo para enfrentar una depresión económica post pandemia por lo sufrido en los noventas, es una demostración palpable de la falta de escrúpulos de los comunistas cubanos en el poder, así como del desconocimiento de la naturaleza humana y de los procesos sociales

Para que Cuba se enrumbe hacia la prosperidad se requiere, como mínimo, un ciclo de crecimiento del PIB entre un cuatro y un seis por ciento anual durante diez años.

En promedio, la dinámica de los últimos años ha sido 1,8%. Si el pronóstico cepalino para 2020 se cumpliera, entonces decreceríamos en números rojos con la consiguiente pérdida de empleos en todos los sectores, carencias de todo tipo, mayor deterioro de los servicios médicos, inseguridad, incertidumbre, empobrecimiento extremo, discriminación de migrantes internos… y -como es de esperar- mayor represión a las libertades individuales y colectivas…algo así como un sálvese quien pueda.

Y cuando la gente no tiene comida o se siente insegura, amenazada por todo y todos…pierde los miedos, se lanza a las calles, para nuevos liderazgos…es cuestión de elemental sobrevivencia humana.

Describes un escenario casi de insurrección popular…

Si, en Cuba se respiran aires de insurrección popular. Es solo cuestión de tiempo…tal vez de una chispa. Por eso el mutismo de las autoridades y la exacerbación de la propaganda política que llega a funcionar como violencia ideológica.

Estoy convencido que muy pronto asistiremos al reforzamiento inusitado de la matriz comunicacional de la pertinencia y legitimidad histórica de la ficción ‘Socialismo cubano’ y el apoyo social a las autoridades estatales ante la supuesta amenaza de la contrarrevolución y el gobierno de los EE.UU.

Igualmente, la cúpula dirigente del PCC instrumentará la descalificación, criminalización y represión de la oposición política y la sociedad civil no reconocida. Las técnicas a emplear incluyen todo el arsenal propagandístico clásico de la comunicación política, un paquete de acciones de mayor calado e intensidad en las redes sociales y la manipulación técnica de las comunicaciones telefónicas y el espacio radioeléctrico nacional.

¿Podrías ofrecernos una valoración del impacto de la crisis económica y del coronavirus en el sector privado cubano?

¡Muy Grave!! A inicios de este año el sector privado cubano contaba con 1,4 millones de trabajadores entre cuentapropistas, cooperativistas, campesinos, creadores artísticos y literarios, comunicadores y trabajadores de organizaciones empresariales con inversión extranjera directa. En mi opinión los cuentapropistas han sido los primeros y más afectados por las medidas de prevención ante la COVID-19.

Según la Dirección de atención y control de formas no estatales de gestión del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, hasta el 27 de abril, de los 621 258 cuentapropistas, el 76.8% se acogieron a la suspensión temporal de la licencia y, en esa condición, fueron temporalmente eximidos de los pagos de tributos. Pero, ¿realmente qué ha pasado con esos 477 126 connacionales con una edad promedio de 45 años que representan el 13 % de la fuerza de trabajo y que aportan nada menos que 8 mil millones de pesos anuales en tributos?

Esos números tienen rostro. Son nuestros padres, hermanos, hijos, amigos y vecinos quienes han perdido sus ingresos económicos y, por tiempo indefinido, permanecen confinados en sus hogares en total estado de vulnerabilidad dado el complejo escenario de incertidumbre.

Si el discurso oficial cubano solo reconocía hasta la llegada del nuevo coronavirus una tasa de desempleo del 1.2%, en el presupuesto de Seguridad Social y Asistencia Social no se planifican gastos para proteger a trabajadores privados en estado de necesidad.

No se contempla la asistencia a estos trabajadores en situaciones tan graves como las generadas por la pandemia. Hasta el 30 de mayo solo habían sido protegido 197 trabajadores por cuenta propia con un subsidio de 248.00 CUP. ¡Ridículo!

Por eso las autoridades solo han ofrecido como paliativo a los cientos de miles de cuentapropistas cubanos en estado de necesidad por las medidas de prevención ante la COVID-19, incorporarse al “sector estatal” y optar por dos mil 500 plazas en la agricultura urbana, asistencia en los centros de aislamiento de sospechosos y enfermos con el nuevo coronavirus y el reparto de alimentos y medicamentos a los ancianos que viven solos. Nada más. Han sido literalmente abandonados a su suerte por la “Revolución que no deja a nadie desamparado”.

Pero, en mi opinión, la situación se hace mucho más grave por el silencio cómplice de los 19 sindicatos nacionales y de la Central de Trabajadores de Cuba, la gubernamental y vociferante sociedad civil y el conglomerado de medios de comunicación social con su falta de autonomía, manquedad propositiva e incapacidad para la crítica anti sistémica. Es dramático lo que está ocurriendo con esos compatriotas.

¿Es una situación privativa de la cuarentena o ya el sector privado en Cuba venia confrontando una crisis económica?

Los antecedentes de la difícil situación que afecta a los trabajadores cubanos del sector privado es de muy vieja data. Nadie puede negar que los políticos cubanos siempre han sentido rechazo por la iniciativa privada y ello guarda relación con la singular manera en la que nuestros viejos y nuevos comunistas en el poder han interpretado los dogmas del marxismo leninismo.

Nadie puede negar que los políticos cubanos siempre han sentido rechazo por la iniciativa privada

Cuando implementan medidas económicas a favor del sector capitalista no es sobre la base de aceptación sino a regañadientes y siempre poniendo obstáculos a tal nivel que, solo se reconoce la propiedad privada en determinadas actividades y sectores de la economía, siempre subordinado al sector estatal.

Ello se traduce en que se puede ejercer por cuenta propia en 123 actividades, poco intensiva en conocimientos, sin encadenamiento productivo, vedadas para los profesionales universitarios y con limitaciones significativas para su desarrollo por la alta presión tributaria, carencia de mercados mayoristas de insumos y escasez de productos financieros, entre otras restricciones.

Por ejemplo…

Trinidad es una ciudad patrimonial con un tejido productivo dependiente del turismo internacional. A mediados de 2019, los tejedores, artesanos y artistas, arrendatarios de viviendas, empleados de los restaurantes, cocheros, transportistas, en fin, todos los emprendedores privados con los que tuve el privilegio de conversar, mostraban preocupación por la falta de visitantes que los afectaba y la incompetencia de las autoridades locales para aplicar políticas y medidas económicas. En tiempo de coronavirus, me pregunto, ¿qué suerte correrán miles de familias trinitarias durante los próximos dos años?

Uno estudio social muy serio sobre la actividad de emprendimiento realizado en 2019 por un equipo de profesionales independientes puso de relieve que el 61,6% de una muestra de 350 trabajadores cuentapropistas de las 6 provincias cubanas con más trabajadores autónomos registrados, declararon haber sido multados alguna vez por los inspectores y funcionarios estatales. Es un número muy alto. ¡Pero hay más! El 36% de ellos consideraron que las multas fueron injustas, resultado de prácticas de corrupción por funcionarios e inspectores.

Cómo entender que, ante el desabastecimiento crónico de tantos bienes y servicios de primera necesidad, las autoridades pongan tantos obstáculos a los emprendedores privados para realizar y comercializar esas producciones. Es absurdo.

Por eso no cabe la menor duda de que uno de los más hermosos y trascendentes hechos que se han producido en los espacios públicos cubanos fue la masiva y espontánea protesta de los productores y otros cuentapropistas del mercado o Candonga de la ciudad de Santa Clara, el pasado 12 de marzo, en reclamo de la derogación de la disposición legal que les impide importar materiales para sus producciones. Otro hecho de similar naturaleza ocurrió poco después en el mercado de Marianao en La Habana.

Sabía usted que la licencia de cuentapropistas para desarrollar programas informáticos lleva tres años suspendida y ningún funcionario responde por ello o por la prohibición para que los profesionales universitarios cubanos puedan generar emprendimientos privados innovadores en sus respectivos campos de especialización.

Y sobre los campesinos, esos nobles trabajadores que nos dan de comer a pesar de lo difícil que resulta el trabajo agrícola en las condiciones del Trópico, quienes durante 60 años han sido maltratados por un estado que les adeuda miles de millones de pesos cada año, limita la inversión, no garantiza aperos e insumos y llega al extremo, en pleno siglo 21, de prohibir la transferencia de la propiedad de la tierra de padres a hijos. Esta situación anómala ha llevado a la falta de trabajadores agrícolas, el desabastecimiento crónico y la inseguridad alimentaria que tenemos.

¿Con qué herramientas legales y económicas cuenta el sector privado cubano para protegerse?

El sector privado cubano está desprotegido en un entorno económico y legal que frena su desarrollo. Por esa razón en el trienio 2017-2019 los cuentapropistas cubanos fueron protagonistas de 52 conatos, huelgas de sentados, protestas de calle y actos de presentación de petitorios reivindicativos a las autoridades gubernamentales; hechos inusitados en la historia cubana reciente.

El sector privado cubano está desprotegido en un entorno económico y legal que frena su desarrollo

Sin embargo, en la medida que la tozuda realidad cubana demuestra que la ‘actualización del socialismo cubano’ es un proyecto inviable, demagógico y gatopardista que ha llevado al país a un nuevo ciclo económico de crisis y a la ciudadanía a un estado carencial, van apareciendo pequeñas asociaciones gremiales que de manera espontánea, y con carácter efímero, han pretendido encausar, junto a los reprimidos sindicatos independientes, los reclamos y reivindicaciones de los cuentapropistas ante el asfixiante marco regulatorio.

Vale resaltar la cualidad que en ese escenario supone el modo polivalente de actuación de la novel Coalición de Cuentapropistas Cubanos, conocida en nuestro país como C3, agrupación de cuentapropistas que en los últimos dos años los ha acompañado en sus reclamos, que les ayuda a través de asesorías legales gratuitas las cuales ya pasan de medio millar, los empodera en estrategias de lucha no violenta y otras maneras como la elaboración de fichas de costo de los servicios de transportación para ayudar a los boteros en sus propuestas negociadoras con las autoridades, en fin…

El cuentapropismo es, definitivamente, el germen de la fractura sistémica y de los cambios políticos en Cuba. Sin ellos no habrá prosperidad de este país. En los emprendimientos se construirá ciudadanía. En las calles, multipartidismo.

El cuentapropismo es, definitivamente, el germen de la fractura sistémica y de los cambios políticos en Cuba

Es el momento entonces para forzar una discusión seria, integral, inclusiva, de una vez y por todas, sobre el trabajo por cuenta propia. Hay que hacerlo ya porque el conservadurismo del Estado cubano para enfrentar los desafíos económicos impide la prosperidad y con ello se corre el riesgo hasta de perder la Nación cubana.

A juzgar por una Mesa Redonda reciente sobre producción agroalimentaria, el gobierno cubano no apuesta por cambios sustanciales en la estructura de propiedad de las tierras ni en los sistemas de distribución de alimentos. ¿Tiene una formula o recomendaciones en este ámbito?

Recuerdo que casi al final de su vida, el finado Fidel Castro aconsejaba a un famoso actor francés, quien le suministraba generosamente selectos vinos salidos de su viñedo, que no se debían colectivizar las tierras dedicadas a viñedos, producción de tabaco, fresas y otros tantos cultivos que requieren de especial atención. No hay dudas de que esa recomendación era resultante de las nefastas experiencias de la agricultura socialista.

Es sabido que la agricultura cubana requiere de inversiones, buenas prácticas productivas y tecnologías, además de fuerza de trabajo. Sin embargo, y a pesar del endeudamiento millonario que tiene el Gobierno cubano con los pequeños agricultores, que solo poseen el 14% de la superficie agrícola, estos han logrado acumular recursos financieros por el orden de los 900 millones de dólares americanos que no pueden ser invertidos en la producción agropecuaria por falta de un mercado interno donde adquirir aperos, semillas, transportes y tecnologías, así como por las limitaciones impuestas por las autoridades para usar esos recursos depositados en el sistema bancario oficial.

En lo que va de 2020, los campesinos y productores pecuarios han entregado a la Empresa Agropecuaria de Artemisa el 100 % y a la de Mayabeque el 97.5% de la producción contratada para el primer trimestre, pero hace cuatro meses que dichas organizaciones empresariales del Ministerio de Agricultura no les pagan a los agricultores y pecuarios, existiendo una deuda en ambos territorios de más de 23 millones de pesos (CUP).

La respuesta de las empresas es que otras entidades estatales les deben más de 28 millones de pesos. Vale reiterar que los campesinos y productores de alimento animal reciben los insumos y están obligados a vender sus producciones a las empresas estatales del Ministerio de la Agricultura quienes, a su vez, tienen el monopolio de su comercialización. De esa manera no pueden cumplir sus metas de garantizar a cada cubano y cubana 13 kilogramos de alimentos cada mes.

Panorama desalentador que se reitera año tras año.

Soy escéptico. Cuba no ha podido, no puede y difícilmente podrá lograr la seguridad alimentaria en el escenario post pandémico. Lo que dicen las autoridades, incluyendo el primer mandatario, es utópico cuando no irresponsable.

¿Tienes datos sobre inversión extranjera, remesas y recargas en la actual crisis? ¿Y qué valoración tienes de estos renglones?

Es sabido que la economía cubana no genera recursos para su desarrollo, o dicho de manera más simple, el modelo económico frena el desarrollo de las fuerzas productivas. Si no hay recursos, se importa y eso implica endeudamiento externo. Pero ¿cómo pagar lo adeudado y seguir desarrollándote? Una forma puede ser atrayendo recursos y capitales externos hacia la economía cubana donde se producen bienes y servicios, o sea, lo que permite que tengamos más riqueza: Alimentos, ropas, transportes, electricidad, mejor sanidad, educación y cultura. Esa es la inversión extranjera.

Pero hay que tener en cuenta que esos capitales no abundan como sí las economías que los requieren, por lo que para atraerlos existe una gran competencia, hay que ofrecerle seguridad al capital de que no les pasará nada, que tendrá utilidades y que luego podrán seguir su curso a otros lugares. La paradoja aquí es que la economía cubana pudiera ser atractiva, tiene sectores atractivos, pero no lo son los instrumentos jurídicos que regulan la actividad y mucho menos las políticas económicas del Gobierno.

La economía cubana pudiera ser atractiva, tiene sectores atractivos, pero no lo son los instrumentos jurídicos que regulan la actividad y mucho menos las políticas económicas del Gobierno

En la actualidad nadie apuesta por una economía como la cubana que sustenta sus políticas en un modelo que se muestra contradictorio, ineficaz y desesperanzador para el ciudadano común.

Cuba plantea que requiere de entre cinco mil y ocho mil millones de dólares estadounidenses por inversión extranjera en tres años. Esa cifra pudiera estar muy por debajo de las necesidades de financiamiento externo requerido por la maltrecha economía, pero obtenerlo es irreal si se conoce que esa misma cifra fue el monto total recibido por el conjunto de todas las economías del Caribe insular por concepto de inversión extranjera en 2015.

Hay que ser realista, no hay muchos capitales dispuestos a invertir en la Cuba actual. No basta el discurso y la retórica oficiales. Los capitales no entienden de eso y ponen sus reglas del juego y sin recursos externos no podemos salir adelante. Y la economía cubana no los genera. Ese dilema tiene que resolverlo todos los gobiernos del mundo y mucho más ahora con la grave recesión económica generada por la crisis sanitaria de la COVID-19.

El gobierno de Cuba no lo quiere entender así. La realidad económica de la isla, como mal vivimos los cubanos y cubanas de a pie, lo demuestran con creces. Es cierto que el embargo de los EEUU ha tenido sus efectos negativos en la economía cubana. Pero, a mi juicio, lo más dañino ha sido las políticas económicas que sustentan las estrategias de desarrollo del PCC.

En Cuba existe un extraordinario potencial de inversión de capitales especialmente interesados en desarrollar la economía cubana. Me refiero a los recursos de la emigración cubana, los cuales superan los actuales requerimientos de capitales de la economía para su crecimiento sostenible y solo esperan cambios en Cuba que favorezcan su inversión. Esa realidad podrá ser superada con una transición democrática y un nuevo proyecto de país que beneficie a los cubanos y cubanas de todas partes.

¿Qué papel desempeñan los militares en la economía del país?

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias, FAR, no son solamente el ejército de Cuba. Su historia es la de ser un poder real dentro del poder, existir al margen de la institucionalidad formalmente aceptada. En Cuba existe una dictadura partidista y en el principal órgano de decisiones partidario, el Buró Político, hay fuerte presencia de generales y comandantes, los cuales constituyen una verdadera gerontocracia militar ante el hecho de que los políticos civiles no tienen capacidad para incidir en las tomas de decisiones. Soy del criterio de que ese liderazgo actúa como una poderosa fuerza que impone su dinámica reaccionaria en los procesos de cambios en la Isla.

Vistiendo de civil, los militares de alta graduación dirigen la mayoría de los ministerios y la totalidad de las empresas importantes por su impacto económico. Eso en Cuba es algo normal que no es objeto de discusión. En definitivas, en este país para poder acumular cuotas de poder real hay que ser miembro del PCC. ¿La sociedad civil? Incapacitada, invisibilizada y satanizada por gobierno y estado.

Esa realidad tan bizarra data de la década de los 60 y, en mi opinión, está directamente relacionada con las características personales del Fidel Castro, la rara avis institucionalidad cubana en la que el PCC está por encima del Parlamento, el Gobierno y no hay sociedad civil independiente, así como al papel asignando a ese ejército en la geo estrategia política soviética. Un ejército de unas proporciones extraordinarias para las dimensiones de este país fue empleado en la penetración del socialismo en África durante el periodo de descolonización y en América Central en los años 70 y 80, del siglo pasado

Esa es una historia poco tratada por la historiografía tradicional de la isla e ignorada por la prensa oficial. Y eso no es muy difícil de entender. Las instituciones militares cubanas requieren de total autonomía respecto a las instituciones civiles y grandes financiamientos que no puede obtenerse por vías normales. No se financian ni contabilizan como el resto de la economía cubana. Son mundos paralelos al que le está vedado la entrada a la ciudadanía a través de la contraloría, la prensa y la sociedad civil. Del mundo interior del ejército no se habla. Es desconocido.

Con la depresión económica de los años 90 y la caída del socialismo de corte soviético, el ejército cubano actúa en función de los intereses geoestratégicos del partido comunista. En la actualidad ese ejército actúa de múltiples maneras en escenarios como la República Bolivariana de Venezuela, la República de Nicaragua para solo citar dos ejemplos de tantos. Si las elites del PCC lo consideran necesario, los militares cubanos actuarán dentro y fuera de nuestras fronteras nacionales y en función de ellos se dispondrán los exiguos recursos económicos del país.

Yo no sé qué pasará con las instituciones militares cubanas ahora con un escenario de fractura de las relaciones económicas y políticas internacionales causado por la pandemia del nuevo coronavirus, la emergencia de nuevos centros de poder en detrimento de viejos poderes. Habrá que estar atento, aunque esto no es de dominio público, sobre las importaciones militares procedentes de China y Rusia; segundo y cuarto exportador de armamento mundial, respectivamente, con historia y mentalidad imperiales y aliados estratégicos de Cuba.

En lo económico los sectores que fueron favorecidos por la inversión extranjera directa como el turismo internacional, las telecomunicaciones y el sector inmobiliario son controlados por los militares cubanos como procesos cerrados.

Los recursos generados por esos sectores no son sometidos a contraloría social, nadie exige responsabilidad a los militares por su gestión en los negocios cubanos.

En el turismo internacional, controlan el 80%, o por el control absoluto del monopolio estatal de las comunicaciones (que incluye el único proveedor de internet), o por el empleo de los multimillonarios recursos rusos, iraníes y chinos en los ferrocarriles, la gestión de zonas, puertos y depósitos francos, transportación terrestre de mercancías, aeronáutica civil, redes de establecimientos comerciales mayoristas y minoristas, restauración y conservación de La Habana y otra ciudades. 

Casi todos los actores económicos cubanos relacionados con rubros exportables o servicio generadores de divisas son monopolizados o controlados por militares. ¿Ante quienes responden? Ante las elites del poder del cual son parte: el PCC.

Pero, lo importante es tener claridad en que ya sean civiles o militares, de lo que se trata es de la dictadura partidista. En tiempos de crisis económicas, y lo estamos hace más de un cuarto de siglo, se imponen los militares. En Cuba no es una excepción. Y algo que tienen que ver con el modelo cubano y que pudiera ayudar a entender lo endeble que resulta la línea que dividen en este país a un civil de un militar es que todos los graduados universitarios y de la enseñanza media culminan sus estudios con preparación militar.

¿Y que piensan los cubanos de esa opacidad verde oliva?

En una realidad tan singular como es la cubana actual donde todo lo relacionado con el poder es secreto, es normal que se genere determinado estado de opinión por parte de la ciudadanía, en particular los grupos sociales más inconformes con la situación en que se vive.

Un militar puede ser nuestro familiar, vecino o amigo. En las calles cubanas se han instalados rumores que van desde prácticas de corrupción, nepotismo, pasando porque entre el generalato se están gestando los cambios gatopardistas para la Cuba post Raúl Castro hasta, y en relación con lo anterior, la conformación de una dinastía de la familia que detenta el poder desde 1959.

En su opinión, hasta qué punto la contracción económica influirá en el destino político del país ante el relevo generacional?

Más que la contracción económica, que resulta una interpretación temporal cortoplacista, me gustaría emplear el término modelo económico fallido que es mucho más preciso en la actualidad nacional y que nos permite comprender que la economía es la base de los cambios en Cuba.

Los desequilibrios y contradicciones del modelo económico socialista cubano obligan, se quiera o no, a hacer cambios profundos que se reclaman en todos los órdenes de la realidad social. Nadie en Cuba pone en duda la necesidad de los cambios.

Se debe superar el fraccionamiento polarizado de la sociedad cubana, hay que construir un pueblo políticamente operativo para la construcción de la democracia cubana y un proyecto de país que incluya a los cubanos y cubanas que viven en el exterior.

Si nos planteamos el cambio así, pudiera ser esperanzador y movilizador de las energías y recursos de este pueblo. En cambio, si lo consideramos como un mero relevo de un grupo o de una elite en las que esté, por razones obvias, la dirigencia histórica, pero que vean la economía como una parcela propia y la manejen a su antojo, el panorama es desalentador.

Aquí lo que se decide es qué tipo de cambio y eso supone, al menos así lo aprecio yo, darle a la ciudadanía cubana la posibilidad de decidir sobre su futuro, de poder optar por el proyecto de desarrollo social más conveniente. Eso es lo trascendental.

El tiempo político en Cuba favorece una transición democrática la que, a su vez, debe favorecer un proyecto de País diferente al que sostienen de manera anti democrática las élites del Partido Comunista de Cuba. La economía requiere de un modelo diferente en donde el sector privado se convierta en el eje dinamizador de la sociedad. Todos los cubanos, independientemente donde estén, merecemos una Cuba próspera.

Fuentes europeas apuntan a una posible modificación e incluso derogación de los artículos 68 y 76 de la Llamada Ley Azote (370). ¿Cuál es su criterio y que papel reclama a Europa en el escenario cubano?

En Cuba solo se promulgan normas jurídicas que suponen la supervivencia del régimen y no su amenaza. Eso responde a un viejo dogma de la política. En ese sentido es muy difícil que se derogue o modifique una norma aprobada. A donde más lejos se ha llegado ha sido respecto al polémico Decreto 349 de 2018 Contravenciones de las regulaciones en materia de política cultural y sobre la prestación de servicios artísticos.

Fue extraordinario lo que se logró empujar desde la ciudadanía al punto de sacudir al establishment. Hasta el primer mandatario tuvo que pronunciarse respecto a esa controversial norma. Realmente fue asombroso ver el contagio cívico que se generó en los espacios públicos, incluyendo las redes sociales, y la capacidad de convocatoria del Movimiento San Isidro. Esa lección es válida para todos.

Algo de mayor dimensión social, bien articulado y de mayor visibilidad mediática son los factores mínimos que tienen que darse para sacudir al Régimen respeto al Decreto Ley 370 de 2019, la conocida Ley Azote. Habrá que pujar mucho, todos unidos y en todos los escenarios.

Igualmente me gustaría precisar que esa batalla debe ir a por más para ser más anti sistema. Me refiero a no perder de vista las doce normas jurídicas de diferentes rangos que en su conjunto impiden la libertad de expresión de los cubanos y cubanas. Incluso, ejercer presión para forzar a nuestro favor la agenda del cronograma legislativo para la producción de la normativa complementaria de la Constitución de la República el cual fue hecho a su conveniencia, en función de la agenda…de los tiempos políticos del régimen.

Sus lectores europeos deben saber que apostar por una transición en Cuba en un mundo globalizado no necesariamente implica responsabilizarse con sus resultados, pero si favorecer que estos apunten al progreso y no a la reacción.

La Unión Europea (UE) es el único actor importante de las relaciones internacionales comprometidos con una transición política. Así esta expresado en el segundo objetivo del Acuerdo de dialogo político y de cooperación entre la UE y Cuba. Además, el bloque comunitario no puede desconocer su capacidad negociadora respecto a La Habana: Es el primer inversionista, ayuda al desarrollo, tiene importantes vínculos históricos.

El publicitado Acuerdo de dialogo político y de cooperación pudiera ser positivo si Europa acompaña seriamente el proceso de transición pacífica hacia un modelo económico y social de desarrollo con características nacionales, donde prevalezcan la democracia y un gobierno transparente, responsable y participativo, el respeto de los derechos humanos, las libertades fundamentales y el estado de derecho. O sea, Europa debe favorecer una verdadera transición.

Cuba no es el centro del mundo y Europa tiene problemas gravísimos. Pero, la UE debe ser consciente de las amenazas que supone un cambio incontrolado y violento en Cuba; ayudando a los de abajo a forzar la aceptación de los cambios por los de arriba y velando porque el proceso sea democrático y respetuoso de los derechos humanos de todos los cubanos.

Esa es la oportunidad preciosa que tienen los demócratas europeos: Querer para Cuba lo mismo que quieren para sus países y pueblos. Ojalá sean consciente de su responsabilidad histórica.

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