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El ‘milagro’ de Huelva y Almería, casi inmunes al coronavirus y candidatas a una desescalada exprés

Son las provincias con menor incidencia y la Junta presiona para que pasen directamente a la fase I del desconfinamiento. Pero ni es un milagro ni sus habitantes están convencidos de ser conejillos de indias

En la Plaza de la Ribera de Ayamonte, a un tiro de piedra del puerto deportivo en el que están confinados veleros y yates, apenas se escucha algo más que el rumor del agua que brota de una fuente. Los ayamontinos han asumido una disciplina de monjes de clausura en estas semanas de alarma y eso a pesar de que el municipio más occidental de la provincia más occidental de Andalucía, en la mismísima frontera con Portugal, es casi inmune al coronavirus. Hay que decir casi por los cinco casos confirmados (y un fallecido) que registran las estadísticas oficiales, aunque en los últimos catorce días apenas si se ha registrado un nuevo caso.

Pero Ayamonte no es una excepción, no es un caso aislado. Dentro de la provincia de Huelva, un tercio de sus municipios puede proclamarse inmune al coronavirus. Sin el casi. Y en la costa onubense, a lo largo de sus cien kilómetros de arena blanca la tónica es la misma que en el extremo occidental, un puñado de casos, algún fallecimiento aislado y un positivo (o ninguno) en las dos últimas semanas.

Algo parecido sucede con Almería que, junto a Huelva, son las dos provincias milagro de la comunidad andaluza, las que mejor han combatido el coronavirus y en las que menos daño ha infligido el Covid-19. Por eso, el ejecutivo andaluz del PP Ciudadanospresiona al Gobierno central para que, a las puertas del proceso de desescalada, Almería y Huelva suban al tren de las más aventajadas, junto a las islas de La GomeraEl Hierro o Formentera, a modo de “experiencia piloto”.

Pero ni hay nada milagroso en los buenos datos de ambos territorios ni sus habitantes están ansiosos por saltarse fases en una desescalada que provoca tantas dudas como temores. Pero vayamos por partes y empecemos por el principio, por el milagro que no es tal milagro.

El enredo lingüístico lo explica de forma didáctica, como profesor que es, Juan José García del Hoyo, catedrático de Métodos Cuantitativos para la Economía y la Empresa de la Universidad de Huelva (UHU), que ha aplicado los modelos estadísticos de dinámica poblacional usados en China al estudio de la evolución de la pandemia en España y, especialmente, en Andalucía.

El profesor García del Hoyo lo tiene claro. La menor incidencia del virus en Huelva y Almería “no es ningún milagro”, sino que tiene una explicación basada en tres factores que han actuado como ventajas en esta coyuntura, pero que normalmente distan mucho de serlo.

La temperatura, la edad de su población y su movilidad, sus infraestructuras de transporte, tienen todo que ver en las estadísticas, a juicio del catedrático de la UHU.

Los estudios del profesor García del Hoyo constatan cómo en Almería y Huelva la temperatura media máxima registrada en el mes de marzo ha sido superior a la del resto del país y, encima, añade, marzo fue en toda Andalucía, y de forma señalada en sus provincias más periféricas, más seco, menos lluvioso. “Eso explica el 25% de la escasa incidencia” del virus, explica.

A eso hay que unir que la población en estas dos provincias tiene una edad media bastante menor que la media española, con lo que hay menos población en residencias y, sobre todo, incide, se han hecho menos pruebas diagnósticas que en otros puntos, y un tercer factor, la movilidad.

García del Hoyo ha comprobado que, dentro de la comunidad, en ciudades y provincias con infraestructuras de transporte colectivo más potentes que las que hay en Huelva y Almería la expansión del virus ha sido mayor. Huelva no tiene aeropuerto. Y ninguna de las dos provincias milagro tienen metro ni tranvía y sus conexiones férreas son casi testimoniales.

En definitiva, viene a decir este estudioso, que el menor desarrollo de Almería y Huelva han jugado, en esta ocasión, a su favor. Pero de milagro, nada de nada.

TEMOR A LOS TURISTAS

Estábamos en Ayamonte, en la Plaza de la Ribera y hoy, 1 de mayo, hay aún menos movimiento del poco que hay en estos días de pandemia. Pilar desinfecta con lejía el local donde vende prensa y material de papelería y cuando escucha hablar de que los turistas puedan volver, siquiera los de la misma provincia, se estremece.

Eso pese a que Ayamonte es un municipio eminentemente turístico, que recibía con los brazos abiertos a turistas sobre todo sevillanos, extremeños y madrileños, además de internacionales gracias a la cercanía del aeropuerto portugués de Faro. Pero eso era antes del coronavirus.

Cuenta su alcaldesa, Natalia Santos, cómo durante la Semana Santa tuvieron que blindar los accesos para evitar la llegada de visitantes a sus segundas residencias. “Dejamos un solo acceso abierto controlado por la Policía Local y la Guardia Civil“, relata al tiempo que saca pecho por la escasa incidencia del virus en su pueblo, de 21.000 habitantes, lo que equivale a una incidencia acumulada de 2,4 casos por cada 100.000 habitantes.

“Abrir la veda”, ir más rápido en la desescalada “puede ser peligroso”, advierte la regidora, nada proclive a formar parte de “experimentos” que, dice, le dan miedo.

A 157 kilómetros, en plena Sierra de Aracena y Picos de Aroche, el alcalde de Alájar, uno de los municipios blindados (sin el casi) al Covid-19 comparte la preocupación de su homóloga ayamontina. Rafael Martín, además de alcalde es médico y sabe bien el valor de lo que han conseguido sus poco más de 800 vecinos y la perspectiva de un desconfinamiento exprés o el regreso del turismo rural, pese al peso que tiene en la economía de la comarca, causa “miedo”.

Tampoco al sector turístico le entusiasma una desescalada exprés. Los hoteles, dice el presidente del Consejo de Turismo de la Federación Onubense de Empresarios (FOE), Luis Arroyo, no van a abrir hasta que las fronteras entre provincias no se reabran y las condiciones que ha impuesto el Gobierno hacen que la reapertura de restaurantes y, sobre todo, de hoteles, sea “inviable”. Al menos, hasta el mes de julio.

Mohammed trabaja en la puesta a punto del chiringuito Er Matías, en Punta Umbría.JULIÁN YÁÑEZ

Salvar la temporada, lo que se pueda, se ha convertido en la meta de los empresarios turísticos onubenses, sobre todo de los pequeños empresarios, de los que tienen algún restaurante. O un chiringuito, como Er Matías, todo un clásico de las playas de Punta Umbría, donde un día como el de hoy (recordemos, 1 de mayo y 27 grados a la sombra) sería de lleno absoluto.

Pero en el establecimiento a pie de playa sólo está Mohammed, que durante el invierno es vigilante del negocio y en verano, camarero. Lleva diez años trabajando en este chiringuito y no ve nada claro el futuro inmediato. Hace cuentas y no le salen: con 70 mesas, entre la distancia de seguridad y la limitación de aforo y con una plantilla de una decena de trabajadores… no cuadra.

Lo mismo que le sucede a Dani Santana, propietario del restaurante Macha, en La Antilla, que tiene dos locales en esta playa de Lepe y que aspira, como mucho, a abrir uno este verano.

El milagro, volviendo al principio, no es que Almería o Huelva estén en condiciones óptimas para la desescalada. El milagro, coinciden empresarios, políticos y vecinos, es sobrevivir a todo esto.

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